viernes, 30 de mayo de 2008

PENSANDO EN LA MUERTE

Decía yo hace un tiempo hablando de otro tema:

"En el fondo, el único problema no resuelto ni aceptado es la propia muerte. Porque ¿hay alguna forma de encarar esa tremenda situación, ese fatal terremoto, esa cercana hecatombe, esa catástrofe sin límites, esa trascendente y última crisis? Desde luego no el pataleo. ¿Y por qué tiene que haber soluciones? No hay más pista de aterrizaje, como en su día fue pista para levantar el vuelo de la vida y sus proyectos, que la pura y desnuda realidad, nuestra limitadísima pero maravillosa realidad.

Los pensadores del helenismo, los escépticos renacentistas, los hombres verdaderamente religiosos o agnósticos, los sabios hindúes o budistas no ven más que una salida: volver pacífica, sincera y humildemente (“humus”= tierra) a nuestro pequeño y anónimo lugar en la gran Naturaleza, porque “la ola es el mar” como dijo bellamente a sus casi ochenta años el místico benedictino y maestro zen, Willigis Jäger. Ojalá podamos decir con el poeta “confieso que he vivido”.

Habrá que seguir dándole vueltas a ese molino, ¡qué le vamos a hacer!
Eso es estoicismo, amigos. A mucha honra.

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Ahora me gustaría invitar a esta tertulia a varios amigos:
A Jesús Burgaleta, creyente, teólogo, profesor mío en el curso 63-64, que mientras recibía la quimioterapia del cáncer que acabó con él unos años más tarde, escribía: "Lo que interesa es la vida, esta vida. Que no hay más vida que esta vida. Que para ella vivimos, luchamos y hasta morimos. Que la vida pide vida, no muerte. Que la muerte, tan natural, es lo más antinatural: lo contrario de la vida (…) ¡La vida sí que está amenazada!: por dentro, por fuera, por tierra, mar y aire, por la educación, la ideología, la sociedad, la manipulación, la Iglesia, el estado; por cada uno de nosotros y por los que nos rodean. (…) No se puede ser iluso. Nuestra vida es mortal. Somos una canoa que hace agua en alta mar encrespada, una canoa que no encontrará otro puerto que la oscura sima del océano. De la Vida, de la Vida real, de nuestra vida mortal nos habla el Misterio Pascual (Muerte-Resurrección: él lo explicaba como teólogo en sus clases), para que seamos capaces de vivir desesperadamente esperanzados."

A Ramón Sampedro, agnóstico o ateo, que consiguió suicidarse en enero de 1998 a sus 55 años, tras treinta años de tetraplejía, autor de "Cartas desde el infierno", Planeta 04, inspirador de la película de Amenazar "Mar adentro".
Bajo el título "La muerte y la trascendencia" (pag. 181) escribe: (…)"Cuando el ser toma conciencia de que es mortal, su error no es que aspire a la inmortalidad, el error es que acepte el sufrimiento irracional y soporte cualquier circunstancia humillante si alguien le promete que con ello tiene la seguridad de conseguir esa inmortalidad. Ésa es la tragedia del ser humano: un temor exacerbado a la idea de morir, como un acontecimiento negativo, lo ha convertido en esclavo de sufrimientos y circunstancias dramáticas que, racionalmente, no tienen sentido. Si considera indigno o insoportable un sufrimiento quien renuncia voluntariamente a la vida, se hallará en un lugar mejor, equilibrado. Ya habrá trascendido positivamente. (…) La muerte (en esos casos de insoportable dolor o indignidad) tiene más valor moral que la vida."

Al citado Willigis Jäger, monje benedictino de Würzburg (Alemania), sancionado por el Vaticano, y Maestro Zen, al que tuve el gusto de conocer en una conferencia en el Rectorado de la Universidad de Sevilla. Entre otras muchas cosas interesantes y discutibles, dice en su obra "La ola es el mar" (Ed. Desclée de Brouwer, Bilbao 2002) pag. 213:
"La experiencia mística auténtica conlleva el conocimiento de que en el fondo la muerte no existe: lo que muere no es más que la forma en la que lo verdadero se manifiesta. Nacer y morir no son otra cosa que el principio y fin de una manifestación determinada de la Realidad primera. (…) Lo irrelevante es el yo, cuya relatividad se conoce en la experiencia de la realidad transpersonal. Pues allí el ser humano entra en un estado de consciencia donde ya no es yo, pero en el que está muy despierto y presente. (…) De ahí que resulte justificado el miedo del yo ante la muerte. Se disolverá aunque haya sido creado para impedir la disolución de la vida. (…) El miedo ante la muerte solamente puede desaparecer juntamente con el yo, es decir, cuando el ser humano en la experiencia mística se sale de la consciencia egóica entrando en el ámbito transpersonal, donde experimenta la unidad más allá de toda duda. "Muere en tu cojín", se dice en el zen.
(…) No sabemos cómo será el morir, pero hay muchos indicios de que morir es despertar. No es que se cierre una puerta sino que se abre otra. No voy a entrar en el tema de si ese despertar tiene o no un componente personal"

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Por mi parte me gustaría centrar el tema en este aspecto:
"El temor a la muerte y sus efectos mortales".

Y un par de "frases":
*"TE MUERES TAN DESPACIO QUE CREES QUE ESTÁS VIVO"
*"VIVES A TAN BAJA INTENSIDAD QUE EN REALIDAD ESTÁS MUERTO"

3 comentarios:

Paco dijo...

Querido Enrique para comentar contigo este tema de la muerte me ha parecido bien traer unas reflexiones que compartí hace más de una año con un amigo en un trance de grave enfermedad de su padre, que más tarde falleció.
“ … El padre de mi amigo sufre una grave enfermedad y en el momento en que hablábamos necesitaba pararse y reflexionar, para bien de sus padres y el suyo propio.
Mi amigo tiene una cultura cristiana pero no una vida de creyente, aunque es muy abierto.
El tema de la muerte, planteado por él, me cogió de sorpresa y a la vez me llamó la atención: de alguna manera centraba mis meditaciones sobre la muerte y crucifixión de Jesús en esos días.
Lo que me atreví a comentarle fue muy corto. La muerte es, la vivimos, como nuestro gran fracaso. Le hablé del pasaje de los discípulos de Emaús, cómo estos hombres representan la frustración ante la muerte, no la entienden. Algo semejante nos ocurre a todos, con nuestra muerte más aún, pero con todas las muertes: nos inquieta, no la entendemos. No es el dolor, eso es otro tema, es la misma muerte la que no podemos entender.
Ante esa situación Jesús les explica todas la Escrituras, es decir, les enseña, para una persona de fe, que mantiene una experiencia de filiación con Dios, cuál es el Plan Divino, el sentido de la creación.
Sólo desde éste sentido podemos entender la muerte, que por otra parte es un hecho físico, vinculado y necesario, de nuestra propia naturaleza biológica.
Igualmente, le decía, pienso que la muerte ha de convertirse en el acto más íntegramente humano de nuestras existencias. Nuestro nacimiento no es consciente, o no es nuestro primer acto "consciente independiente"; es nuestra gran suerte y todos los que presencian nuestro nacer tienen los sentimientos abiertos y saben qué es la vida, La muerte ha de convertirse en un acto consciente, aunque no necesariamente doliente, como acto vital, pero sin referencias o expectativas a un posible después.
Estos pensamientos son la expresión de nuestra conversación, pero el tema siguió en mi mente algo más.
Para que nuestra muerte, la propia y la de nuestros seres más cercanos, sea humana, ha de ser consciente. Hemos de pensar en la muerte, no ocultárnosla. Pienso que la muerte es un acto humano, es la mayor afirmación de nuestra vida, aunque sea por la negación de todo lo que representa vivir este mundo, no su renuncia.
Si pensamos, creemos, que nuestra vida es permanente, andaremos buscando desaforadamente mantener las apariencias de esa vida en su momento "perfecto" según nuestros valores, intentaremos que no cambie y la viviremos como un remedo. ¡Cuántas personas luchan contra las arrugas, su imagen, sus torpezas, confiando que ocultándolas con operaciones y engaños se mantienen en la "juventud"! La vida es un valor incalculable, nuestro valor; pero la vida es valor en el aquí, en el ahora permanente de nuestra existencia; la vida no se para, nuestra vida es vivida y ese vivirla es nuestro valor añadido. La muerte es un acto de nuestra vida, es un significante para la vida igual que la vida lo es para la muerte.
A esto me refiero cuando hablo de una muerte consciente; no me refiero a cómo haya de ser nuestra muerte concreta, si ésta ha de transcurrir en plena lucidez o no. Ello dependerá de nuestros valores y culturas, de nuestros estados de ánimo…o de como sea en sí, en concreto, nuestra muerte física.
Si creo que todas las muertes deben transcurrir con el menor dolor de su protagonista directo, porque hemos de ser protagonistas de nuestra muerte y no un objeto pasivo de ella y durante ella, y de familiares y allegados. El dolor no es imprescindible y la lucha por someterlo es una de las luchas más dignas de la humanidad, y una de las más claras oportunidades que tenemos los humanos para la solidaridad.
Estos pensamientos me llevan directamente a adherirme a la eutanasia, a pedir para mí y para todos, una muerte digna, que es lo mismo que pedir luchar por una vida digna. …
Paco

excasitodo dijo...

EL VACÍO QUE HA DEJADO PACO BARCO

17 Agosto 2010: Después de dos años de lucha con su cáncer, Paco, después de despedirse de sus amigos y familiares, se ha ido a la Paz definitiva de Dios.

Todo barco, para flotar y navegar, para acoger a los que de él se sirven –pesca, traslados, disfrute, etc.- tiene un vacío delimitado por sus cuadernas, disimulado por su cubierta, puesto de mando, cabinas, etc.

Paco Barco se ha ido vaciando más y más y ese interior lo ha ido ocupando el don de Dios, su fe, su esperanza, su solidaridad. Aquel muchacho que conocí, delgado, con mala vista, dando sensación de fragilidad, fue siempre un luchador, un conseguidor, un promotor de mil cosas…

Se ha merecido en descanso gozoso, hundido en el Mar del Amor inmenso.
Enrique.

excasitodo dijo...
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