domingo, 18 de mayo de 2008

PAYASOS

PAYASOS

Cepillándome los dientes, tuve una ocurrencia. (¿Por qué especifico “cepillándome los dientes”? Igual que hay gente que canta estupendamente sólo en la ducha, yo tengo las ocurrencias en la lucha con los dientes: será porque el cerebro, cercano a la dentadura, se anima y se descama también un poco, y como que funciona...) La ocurrencia ha sido decir algo de “mi despedida del mundo de los payasos”... Otra despedida en ciernes, una de las más dolorosas, me temo...

Allá por el año 1956, [¡¡“17 años tiene la criatura y yo no me espanto de tanta locura”!! como decía el gran filósofo andaluz Manolo Caracol] cuando casi todos estábais en el seno de Abraham, es decir, érais una mera posibilidad remota entre las millones de posibilidades que se les iban a presentar a vuestros padres gracias al azar y a sus proyectos y decisiones, yo caí –también por azar y por alguna pequeña decisión de alguna gente- en un internado muy serio de una Facultad de Filosofía muy seria, en las húmedas orillas de un Cantábrico casi siempre con mal tiempo, que desde Septiembre a Junio no tenía más que dos semanas de vacaciones en Navidad. Para no morirse de asco la gente se inventaba mil actividades “internas”, una de las cuales era tener “una pareja de payasos oficial”. Aquel año terminaron su licenciatura con sus compañeros de curso los que se llamaban “Hermanos Flores”, unos payasos estupendos... Y buscaron otros dos entre los novatos que empezábamos. Y en un momento de obnubilación, a pesar del “susto escénico” dije que sí para formar la pareja de Tontos oficiales con un asturiano, Miguel de Francisco. Nuestro primer número fue, recuerdo, investigar como Sherlock Holmes, él, y Watson, yo, detectives “en coña”, los líos graciosos de aquel trascendente antro donde estudiábamos... Luego nos pasamos al modelo tradicional de “Augusto & Clown” y ya no me pude librar de esta manía. ¿Por dónde andará mi compañero De Francisco? Ni idea, qué pena... Era listo, listísimo, el muchacho, y nos lo pasábamos en grande.

Luego conocí personalmente a payasos muy buenos: Nock el suizo, que hacía tonterías en el alambre -era un magnífico funambulista- sobre la jaula de los leones..., Emy, Goty y Cañamón, tan tristes ellos, los hermanos Tonetti (el blanco se fue de la vida trágicamente), etc.etc.

Desde esa época, tan lejana ya, han sido pocos los años donde por unas cosas o por otras no me he transformado en payaso durante unas horas, siempre acompañado por uno o dos locos también con los que montaba el numerito... Juan Jiménez, José María Morilla, Pepe Salvatierra, Javi Santos, mi hija María la holandesa y un larguísimo etcétera que culminó últimamente con Los Colgate, hoy Los Impresentables: Iñaki, Manu el Piñata, Javi-Poli, Marta, las Anas, Paula, Alfonso, Carla... y tantos otros y otras. ¡Qué buenos ratos hemos echado y se los hemos hecho pasar a mayores y pequeños! Y sobre todo, lo bien que nosotros lo hemos pasado.

“¡Eres un payaso!” se le dice a alguno que mete la pata... “¡Vaya payasos que están hechos los políticos!” ... Pues nosotros decimos “¡Soy un payaso!” y a mucha honra. Cuando te estás poniendo la escafandra (el maquillaje), te embutes en el traje espacial (los pantalonazos, el chaquetón, los guantes...) y acabas enchufándote al oxígeno (la narizota) eres como un viajero espacial, un astronauta, o casi un “extraterrestre” que ve el planeta desde otra dimensión, con otro color, donde nada es horroroso sino bello, gracioso, amable, y así se lo quieres comunicar a los que están arrastrándose por la dura vida humana. Cuando de nuevo estás volviendo “a la vida ordinaria”, mientras te quitas las pinturas, los trajes, los zapatones, es como entrar en la cámara de descompresión y notas como un escalofrío...

La gente cree que se está riendo de ti, y eres tú quien te estás riendo de todo para que nada nos agobie demasiado. Y no es lo mismo hacer gracia, comunicar alegría y optimismo, saberse reir de uno mismo y de todo lo absurdo que nos rodea que “hacerse el gracioso”, ridiculizar por molestar, abusar del afán de protagonismo. “Gracia”, járis en griego, significa don, regalo, oferta de algo gozoso, bueno y gratuito. ¿No estamos faltos de todo esto?

Pues que no decaiga. Yo estoy a punto de “ser retirado” –por el desgaste inevitable de la vida- de esta historia que en mí no es profesión, sino manía, desahogo, gusto (¡Gusto para el Augusto!). Pero otros muchos tienen que seguir. ¿Quién se anima? Nos vemos pronto, si queréis.

BONIATO HORTERA, de "Payasos sin Fronteras"

1 comentario:

Paco dijo...

¡Hola, querido BONIATO HORTERA!. Leyéndote iba gozando en el recuerdo del soliloquio de otro payaso, este muy famoso, el de Opiniones de un payaso, de Henry Böl. Gracias, amigo, aunque yo no soy de la generación que seguirá tu llamamiento, que seguro que lo hará, te agradezco esa pizca de pellizco que tiene, como todo buen arte, tus comentarios sobre tu historia personal.
En realidad he descubierto, y lo podemos ver en casi todos los comentarios que tienes en tu blog, que eres ese Grandullón pensador de toda pareja que se precie en el mundo de los payasos. Además tus despedidas son como las de cualquier payaso, un hasta luego y ¡ahí queda eso!
Paco