domingo, 18 de mayo de 2008

LA TARDE ESTÁ CAYENDO

LA TARDE ESTÁ CAYENDO...

“Dies mei evanescunt ut fumus... (Mis días se desvanecen como humo)
Dies mei similes sunt umbrae protensae et ego sicut herba aresco…(Mis días son semejantes a sombras que declinan… y yo me seco como la yerba)
(Salmo 101)

Os, Lingua, Mens, Sensus, Vigor... confessionem personent
(La boca, la lengua, el entendimiento, los sentidos, la fortaleza… den testimonio)
(Himno de Tercia, Breviario Latino)


Estoy enfrentado al último tramo (¿metros? ¿kilómetros?) del camino de mi vida y mientras por un lado han ido apareciendo los síntomas del acabamiento –olvidos, dolores articulares y musculares, cansancios, hipercolesterolemia, apnea, cabreos infundados, etc.etc.- por otro parecen reverdecer antiguos impulsos vitales –ocurrencias, nuevas tareas, compromisos, atracciones, afectos...- que quizá no sean más que clavos ardientes a los que agarrarse para evitar el deslizamiento por la inevitable pendiente, cada vez más vertical.

¿Son acaso magnificables aquéllos o insubstanciales éstos? Unos y otros forman la urdimbre del vivir y ambas vertientes, la descendente y la ascendente, constituyen esta etapa, si se tiene la clarividencia de admitir que aquella acabará venciendo sobre ésta y que pretender evadir la situación es caer en el ridículo de aquel viejo maquillado y teñido, coronado con una cresta punky, que contemplé admirado en Ámsterdam.

Precisamente la tentación está en huir de la realidad, negando compulsivamente cualquier atisbo del progresivo acabamiento, aunque en ciertos temperamentos depresivos, la falsa salida está en subrayar lo negativo para “acabar cuanto antes”.

Si es penoso el espectáculo del Colegio Cardenalicio haciendo gala de gerontocracia coronada en rojo, todos tan uniformados y sumisos, no deja de ser un consuelo para los que a quince años de distancia de la media de esas sacras edades, nos da por pensar en lo terminal.

Es consolador también la gama de grandes hombres, Borges, Alberti, Cela, Saramago... y últimamente Helmut Kohl, que a sus setenta y muchos años, organizan una nueva etapa sentimental al lado de mujeres jóvenes y guapas de las que los separan unos treinta y cinco años o más. Claro que los unen una fuerte base de euros, o de poder, o de prestigio, o de todo eso junto... Así que consuelo matemático, pero desconsuelo por los “posibles”.


Punto importante son las relaciones profundas entre “personas mayores”. Sobre ello, hace un cierto tiempo, bajo el título de "Incompatibilidades" , largué cosas como éstas, publicadas por la Editorial A. "Quercus el Búho" (A. no significa "andaluza" sino"autista", a modo de "Juan Palomo", vaya)

"Cuando la madurez de la vida alcanza su punto álgido y se inicia –suavemente al principio, aceleradamente en seguida- el declinar de todo lo que ha sido vital, extrañamente emergen las incompatibilidades en “pensamientos, palabras y obras” de los que durante quince, veinte, treinta años habían encarado con cierto éxito en su vida hecha común las diferencias de carácter, valores, proyectos, sentido y medida del gasto, estilo de la educación de los hijos, el posible y deseado destino de éstos, etc.etc. (¡ALTO! No hay que desdeñar estos et coetera: sexualidad, maneras de expresarse o de escuchar, tópicos, salidas – superaciones –sublimaciones - racionalizaciones de las crisis, relaciones reales con los hijos, celos, desahogos de diverso tipo con otros, trabajos, descansos, diversiones, descansos, enfermedades más físicas o más psíquicas, creencias, amigos, dedicaciones, hobbies, rarezas, olores, autismos, ronquidos, horarios, relaciones o rechazos con los familiares propios, relaciones o rechazos con los familiares del otro, estudios, lecturas, agobios, crisis y salidas de las crisis más o menos falseadas, depresiones, entusiasmos, frialdades, frigideces, calenturas, entradas, salidas, servicios, obras, palabras, pensamientos, sexualidad.. y vuelta a empezar...; y así hasta el infinito, o hasta el “eterno retorno de lo idéntico”)
Algo destinado a ir muriendo –el yo individual con todas sus circunstancias- levanta extrañamente la cabeza y reivindica sus derechos, su territorio, su progreso... Hermosa paradoja ¡vive dios! Se descubrieron las diferencias, se asumieron, se disolvieron en sucesivos diálogos, negociaciones, generosidades mutuas, tolerancias, permisividades, pasotismos... Y de pronto, las diferencias mil veces eludidas se plantan en medio del camino de la vida, reclaman su entidad y solidez, se cargan de razones más o menos históricas o temperamentales, y se convierten en gigantescos icebergs –masas de hielo flotantes, poderosas, frías e inexorables en sus trayectorias- que amenazan la navegación conjunta.
Cuando la vida entera se debilita, adquieren energía los defectos, las aristas, las viejas derrotas o heridas, los problemas pendientes, los fracasos irresolutos, las malas-leches acumuladas, tiñéndolo todo con su bilis ácida.
Adquieren además caracteres de indiscutibles, de específicos, de muy personales, de trasuntos del propio y más íntimo y auténtico yo, de forma que frivolizarlos, ignorarlos, evitarlos significaría rechazar “lo más sagrado de lo que uno es”:
¡Cuánta dignidad se pone en juego y se malgasta!
¿Hay alguna forma de encarar esta tremenda situación, este mortal terremoto, esta cercana hecatombe, esta catástrofe sin límites, esta trascendente y última crisis?
¿Y por qué tiene que haber soluciones?
¿Por qué no son inamovibles, fijos, estables como la vida misma?
¿Por qué no tienen la inexorabilidad de la muerte de las personas queridas, de la propia, certera y ya próxima muerte de uno? ¿O no?

Los creyentes, que desde luego incorporamos una perspectiva “especial” a estos planteamientos, tenemos que aclararnos en si se trata de cómo lo vivimos nosotros o si hay que explicar a los demás lo que esperamos del Absoluto… El propio Absoluto, aparte de nuestras ocurrencias o convicciones, sabrá qué quiere hacer con esta partida de seres conscientes aspirantes a la permanencia después de la muerte…


¿Y qué dicen a todo esto los diversos especialistas, tan comprensivos y atentos a todos los sectores de descontrolados que van por ahí y por aquí, desde sus respectivas especialidades, Paquito?

En principio, vamos a quedarnos con esos tremendos versos de Père Casaldáliga que me has remitido:

“Yo mismo Lo veré”
Y seremos nosotros, para siempre,como eres Tú el que fuiste, en nuestra tierra,hijo de la María y de la Muerte,compañero de todos los caminos.
Seremos lo que somos, para siempre,pero gloriosamente restaurados,como son tuyas esas cinco llagas,imprescriptiblemente gloriosas.
Como eres Tú el que fuiste, humano, hermano,exactamente igual al que moriste,Jesús, el mismo y totalmente otro,
así seremos para siempre, exactos,lo que fuimos y somos y seremos,¡otros del todo, pero tan nosotros!.

1 comentario:

Paco dijo...

¡¡¡Puhfffff!!! Si yo fuera tu psicoanalista esta sería una sesión cumbre, de las que el profesional sale tan agotado, pero a la vez tan satisfecho, que decide escribir el proceso del análisis e incluso, casi, casi, (cosa de por si imposible para un profesional psicoanalista que se precie) no cobrar a su cliente.
Llegada a esta sesión de tu análisis, necesariamente se han tenido que producir las transferencias porque tú mismo has descubierto los contrarios, el yin y el yan, el sujeto y su oponente, el objeto y la sombra…
Desde luego para alguien que use la astrología y conozca tu signo creerá, “a pie juntilla” en la astrología. Tu signo, Escorpio, es signo de continua elucubración, de incisiva actitud introspectiva, de cierta acidez hasta hacerse daño, o producirlo a otro, de un continuo “rondar la muerte” y a la vez de un maravilloso y perpetuo recrear la vida, de volver a las aguas tibias parteras de toda simiente, a la placenta acogedora y vitalista. Esa luz y esa sombra, que dominas como un verdadero arte y a la vez te hace vivir en un continuo umbral de la conciencia, es el espacio, que guiado por la confianza, le permite al Espíritu, acunarte y hacerte sentir los brazos del Padre.
No es negando todo eso como vamos al Padre; lo es asumiendo nuestro yo natural y entregándolo (Padre, en tus manos confío mi espíritu). Se trata de saber que esa es nuestra naturaleza, (fruto del análisis, es el conocimiento y aceptación de los contrarios), es esa aceptación de que nuestro yo, muriendo, contrario fundamental a la vida, consigue asumir la totalidad de la existencia. Por eso, en esta etapa que nos ha sido regalada para profundizar, no nos deslizamos pendiente abajo, sino ascendemos arriba (valga la expresión que tampoco es exacta), al conocer nuestra verdadera naturaleza.
Bueno, pasemos de este mi proceder barroco y a lo importante.
Gracias por regalarnos esta bella y alucinante (por lo trepidante de la narración, de su estilo), descripción de tan arrolladora humanidad. (Sigo pensando que eres un verdadero payaso y Böll, se ha reencarnado en ti continuando con su magnifico libro Opiniones de un payaso)