domingo, 18 de mayo de 2008

LOS GRAZNIDOS DEL BÚHO

¡Hola! Soy Quercus, el Búho.
Nosotros los estrígidos, desde la sabia lechuza de Minerva invocada por el Padre Hegel, hasta el humilde mochuelo que acampa en los olivos de Mairena, pasando por los cárabos, autillos y, naturalmente, los más presentables de todos, nosotros los búhos reales (parientes, como nuestro adjetivo certifica, de Borbones, Windsors, Oranges, etc, ) tenemos algo en común: somos pájaros de la noche, nos fijamos mucho y no hablamos nada porque ¡hay tan pocas cosas que decir, amigo Wittgenstein...! Sin embargo, cuando vemos algo muy chocante, algún graznido que otro se nos escapa.
Yo, Quercus, tengo el privilegio de vivir muy cerquita de Sevilla, donde no hay muchos pinos pero sí bastantes “alcornoques”. Vuelo desde el parque Porzuna al de doña María Luisa de Orleans o al de los Príncipes (sigue el lujo de colegas) y hasta me poso en lo más alto del Puente del Alamillo… y desde allí miro y miro, y me fijo mucho y no digo casi nada…(¿Os he contado cuando me confundieron con un loro? Otro día) Bueno, algunas veces si uno no habla, revienta…
A todo esto, ¿qué hace un bicho como yo, frívolo, noctámbulo y poco trabajador, con las neuronas a remojo, vejete ya, en medio de un tinglado tan serio, reflexivo y al día como un Blog? Aunque siendo de mi colega Henry Oaks ni puede ser tan serio ni tan reflexivo ni, mucho menos, al día…
La cosa es que me he colado de un voletón en vuestros ordenadores y, si no me echáis, vais a oírme algún que otro graznido, con derecho a réplica, claro.
Os cuento el plan, amigas y amigos… Como pariente de la gran Lechuza de Minerva, antes Atenea, me ha dado por la filosofía. (Compare, ¿ezo qué eh lo que eh?). Poco a poco nos iremos aclarando, con la ayuda de mi colega Henry, el viejo trampero, al que os presentaré en su momento. Ahora anda cabalgando al sur del río Pecos, pero con lo viejo que está seguro que se cansa pronto y vuelve. Hasta luego.

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